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Cuando el cuerpo dice basta antes que la cabeza

Actualizado: hace 18 horas

O cómo creí durante mucho tiempo que "pasaría"




  1. En la escena del crimen



Estoy bien.

Bueno...como lo haría un adulto responsable.

Me levanto.

Estoy haciendo lo que hay que hacer.

Marco casillas invisibles con gran seriedad.


Mi cuerpo, en cambio, comienza con pequeñas alusiones. Sutiles. Casi elegantes.

Una fatiga persistente, como un invitado que no se da cuenta de que la fiesta ha terminado.

Tensión en los hombros, como una mochila emocional que nunca se ha soltado. Sueño ligero, de esos en los que duermes pero te mantienes alerta.


Pongo las cosas en perspectiva. Porque soy una persona razonable.

Y la gente razonable lo llama "estrés".


Estrés, esa palabra mágica.

La que nos permite explicarlo todo sin cambiar nada.


Mientras tanto, mi cuerpo toma notas.

En silencio.

Observa.

Espera.

  1. Entonces me pregunté...



¿En qué momento decidí que mi cuerpo era un colaborador bastante problemático?


¿Siempre quejándose de nada?


¿Por qué confío más en mi agenda que en mis sentimientos?


¿Por qué cuando me enfrento a una señal física mi primera reacción es: “Sí, pero ahora no es el momento”?


Y lo más importante: ¿desde cuándo aferrarse es más valorado que estar bien?


  1. Autopsia psicocorporal


(versión de servicio postventa)


El cuerpo funciona como un departamento de atención al cliente muy paciente.


Empieza enviando correos electrónicos educados.

Luego, hace seguimientos.

Después, mensajes un poco más claros.


Pero como nunca pone “URGENTE” en el asunto, su cabeza lo archiva bajo “para tratar más tarde”.


A la cabeza, en cambio, le encanta mantener las cosas en su sitio. Le encanta explicar.

Le encanta demostrar que tiene el control.

Entonces ella negocia con el cuerpo:

– un poco más

– después de este caso

– cuando las cosas mejoren alrededor


Hasta el día en que el cuerpo cambia de estrategia.

Él ya no discute más.

Él lo desenchufa.

Fatiga extrema.

Niebla mental.

La irritabilidad es una configuración opcional por defecto.

No por venganza.

Sólo porque probó todas las demás opciones.

  1. Reeducación de la conciencia corporal (sin incienso ni tambores)



Finalmente entendí algo esencial: mi cuerpo no está contra mí.

No es frágil.

Es consistente.


Ejercicio sencillo, sin postura de yoga:


Cojo un cuaderno, un bolígrafo y dibujo una tabla con 4 columnas:

– Lo que mi cuerpo me dice regularmente

– Lo que hago para no oírlo

– Lo que me cuesta seguir así

– Lo que temo si realmente bajo el ritmo


Y sobre todo, me hago con total sinceridad, esta pregunta, muy sencilla, muy inquietante:

¿Qué pasaría si mi cuerpo no me estuviera frenando... sino que me estuviera salvando del muro?


Escuchar a tu cuerpo no significa dejar todo.

A veces se trata de detenerse lo justo para evitar una parada forzada.



El cuerpo nunca dice basta por capricho.

Lo dijo cuando su cabeza se negó a escuchar durante demasiado tiempo.


Esto no es un fracaso.

Es un recordatorio del orden biológico.


Y a veces, la verdadera inteligencia no consiste en continuar a cualquier precio.


Se trata de entender que el cuerpo, a diferencia del cuerpo, nunca fanfarronea.





CRÓNICA DE UN COACH

SIN FILTRO (SIN INCIENSO)

Para reír, pensar y sanar...
¡Aunque no siempre sea en ese orden!

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